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https://es.slideshare.net/slideshow/modernizacion-2013/27308910
Prof. Susana AVALO
https://es.slideshare.net/slideshow/modernizacion-2013/27308910
La Primera Guerra Mundial, que se extendió entre 1914 y 1918, transformó profundamente el mundo. Mientras Europa se encontraba sumida en un conflicto devastador que involucraba a millones de soldados y provocaba enormes pérdidas económicas y humanas, América Latina observaba, actuaba y, de manera indirecta, también se veía afectada por la guerra. Aunque la región no fue un escenario de combates, los impactos económicos, políticos y sociales fueron significativos.
En los primeros años del conflicto, los países latinoamericanos se
enfrentaron a decisiones estratégicas: mantener la neutralidad, apoyar a
potencias europeas, o proteger sus intereses económicos y comerciales. La
guerra no solo afectó la economía, sino que también dejó una huella en la
política interna, el comercio internacional y la percepción de América Latina
en el mundo.
La economía latinoamericana durante la guerra
Uno de los efectos más inmediatos de la Primera Guerra Mundial sobre
América Latina fue económico. Las potencias europeas que tradicionalmente
importaban materias primas y alimentos de la región desviaron sus recursos
hacia el esfuerzo bélico, provocando alteraciones en el comercio. Por ejemplo:
·
Exportaciones agrícolas y
minerales: Países como Argentina, Brasil, Chile y México vieron una
reducción temporal en la demanda de ciertos productos, mientras que otros, como
el caucho y el nitrato, experimentaron un aumento debido a su importancia en la
industria militar.
·
Crisis de transporte
marítimo: El bloqueo naval y la guerra submarina alemana afectaron la
llegada de mercancías, encareciendo productos importados y generando escasez de
ciertos bienes.
·
Oportunidades para la
industrialización: La disminución de productos europeos incentivó a
algunos países a desarrollar industrias locales, especialmente en alimentos
procesados y textiles, sentando bases para la industrialización futura.
Neutralidad y diplomacia en América Latina
La mayoría de los países latinoamericanos mantuvieron una postura
neutral durante la guerra, aunque con matices importantes:
·
México se enfocó en consolidar
su revolución interna, evitando involucrarse directamente en la guerra europea,
pero participó indirectamente en el comercio internacional con países
beligerantes.
·
Brasil inicialmente mantuvo la
neutralidad, pero en 1917 declaró la guerra a Alemania tras ataques a barcos
brasileños, lo que llevó a su participación limitada en la guerra,
principalmente en logística y suministro naval.
·
Argentina, Chile y
Uruguay optaron por la neutralidad completa, aunque sus economías se
vieron profundamente afectadas por los cambios en el comercio mundial.
La diplomacia latinoamericana
también se activó para proteger los intereses comerciales y evitar ser
arrastrados al conflicto. Algunos países buscaron consolidar relaciones con
Estados Unidos, cuya influencia crecía, y con potencias europeas, intentando equilibrar
la neutralidad con la necesidad de comercio.
Impacto social y cultural
Aunque la guerra ocurrió lejos de América Latina, los
efectos sociales fueron perceptibles:
·
Migraciones y prensa: La
guerra provocó movimientos migratorios de europeos hacia América Latina, lo que
enriqueció la diversidad cultural y el intercambio de ideas. La prensa comenzó
a informar de manera constante sobre los eventos europeos, generando conciencia
política y social.
·
Movimientos laborales: El
encarecimiento de alimentos y la inflación derivada de la guerra contribuyeron
a tensiones sociales y al fortalecimiento de sindicatos y movimientos obreros
en varios países.
·
Percepción de modernidad y
conflicto: La guerra también sirvió como ejemplo de los avances
tecnológicos y la devastación que la industrialización podía generar,
influyendo en intelectuales y artistas latinoamericanos.
Consecuencias económicas a largo plazo
Aunque la guerra terminó en 1918, sus efectos en América Latina se
prolongaron durante los años siguientes. Algunos impactos clave fueron:
·
Dependencia de mercados europeos y
norteamericanos: Durante la guerra, muchos países latinoamericanos
lograron diversificar parcialmente sus exportaciones hacia Estados Unidos
debido a la interrupción de los envíos europeos. Sin embargo, esta dependencia
creciente también expuso a la región a la volatilidad del mercado
estadounidense en la década de 1920.
·
Inflación y encarecimiento de
productos: El aumento de precios de alimentos y bienes importados durante
la guerra generó presiones económicas internas, afectando especialmente a las
clases trabajadoras urbanas y rurales.
·
Desarrollo industrial
incipiente: La guerra incentivó la creación de fábricas locales,
especialmente en alimentos, textiles y productos químicos. Por ejemplo, en
Argentina y Brasil surgieron industrias alimenticias que luego serían pilares
de su economía. Este proceso marcó el inicio de una incipiente
industrialización que reduciría la dependencia total de productos europeos en
décadas posteriores.
Impacto político y diplomático
El contexto europeo influyó también en la política interna y las relaciones
internacionales de América Latina:
·
Consolidación del nacionalismo
económico: Algunos gobiernos comenzaron a priorizar políticas de
sustitución de importaciones y protección de industrias locales para reducir la
vulnerabilidad frente a crisis externas.
·
Influencia estadounidense: La
guerra mostró la capacidad de Estados Unidos como potencia mundial y proveedor
alternativo de bienes y crédito, incrementando su influencia en la región. Esto
sentó las bases para el protagonismo estadounidense en América Latina durante
el siglo XX.
·
Debates sobre neutralidad y
participación: La experiencia de Brasil y México generó discusiones sobre
la conveniencia de involucrarse en conflictos internacionales y sobre la
defensa de intereses nacionales frente a potencias extranjeras.
Casos específicos de países
Cada país latinoamericano reaccionó de manera diferente, dependiendo de su
economía, política interna y relaciones internacionales:
·
Brasil: Inicialmente neutral,
entró en guerra en 1917 tras ataques alemanes a barcos brasileños. Su
participación se centró en patrullas navales y envío de suministros a los
aliados. La guerra impulsó la industrialización y fortaleció la economía exportadora
de café.
·
Argentina: Se mantuvo neutral,
pero se benefició de la demanda de alimentos europeos y de su posición como
proveedor de carne y cereales. La neutralidad permitió mantener relaciones
comerciales con ambos bandos, aunque también provocó tensiones internas entre
sectores pro-alemán y pro-aliado.
·
México: Atrapado en el proceso
de la Revolución Mexicana (1910-1920), su participación en la guerra fue
indirecta. El comercio con potencias europeas disminuyó, pero se fortalecieron
vínculos con Estados Unidos, principal socio comercial y fuente de inversiones.
·
Chile y Perú: La guerra afectó
principalmente la exportación de minerales como el cobre y el nitrato, lo que
tuvo repercusiones en la economía y en la política laboral de ambos países.
Influencia cultural e intelectual
El impacto de la Primera Guerra Mundial también se reflejó en la cultura y
el pensamiento latinoamericano:
·
Literatura y
periodismo: La guerra generó interés por
los temas europeos y fomentó una cobertura periodística más crítica y analítica
sobre conflictos internacionales.
·
Arte y
reflexión social: La devastación europea
provocó debates sobre modernidad, tecnología y militarismo, influyendo en
escritores, artistas e intelectuales de la región.
·
Educación e historia: La experiencia europea incentivó la enseñanza de historia
contemporánea en universidades y colegios, reforzando la conciencia sobre los
vínculos de América Latina con el mundo.
Conclusión: América Latina frente a la Primera Guerra
Mundial
Aunque América Latina no fue escenario de batallas, la Primera Guerra
Mundial tuvo un impacto indirecto profundo: alteró el comercio, incentivó
la industrialización, reforzó la diplomacia y la neutralidad, y dejó enseñanzas
sobre la vulnerabilidad económica frente a conflictos globales.
La región aprendió que su desarrollo económico y político estaba cada vez
más ligado a los cambios internacionales, y que mantener relaciones
equilibradas con potencias europeas y Estados Unidos sería clave para su
futuro. La guerra marcó el inicio de un siglo XX donde América Latina debía
equilibrar la neutralidad política con la integración económica y cultural al
mundo globalizado.
Al mismo tiempo que la economía latinoamericana cambió profundamente en el periodo entreguerras, se fue transformando hondamente su realidad social.
Significativo es que, durante las
primeras décadas del siglo XX, América Latina conoció un crecimiento
demográfico, especialmente en países como Brasil, México, Argentina, Cuba,
Colombia y Perú, alcanzando 144,4 millones de habitantes en 1940, frente a los
60,3 millones en 1900. Este crecimiento se debió al proceso de modernización
económica, las mejores condiciones de infraestructura (alcantarillas, agua
corriente, hospitales, por ejemplo) y de salubridad (seguridad social), el
aumento de la natalidad y la disminución de los niveles de mortandad infantil.
En el caso de América del Sur, hasta la Primera Guerra Mundial, seguía, aún,
una fuerte inmigración procedente de Europa.
|
Población iberoamericana (en millones) |
||||
|
|
1900 |
1930 |
1940 |
|
|
Argentina |
4 |
11.2 |
16.1 |
|
|
Bolivia |
2.1 |
2.2 |
2.4 |
|
|
Brasil |
17.3 |
40.3 |
50.4 |
|
|
Colombia |
4.3 |
8 |
10.2 |
|
|
Costa Rica |
0.2 |
0.5 |
0.7 |
|
|
Cuba |
1.6 |
4 |
5.3 |
|
|
Chile |
2.7 |
4.3 |
5.4 |
|
|
Ecuador |
1.3 |
2 |
2.9 |
|
|
El Salvador |
1 |
1.4 |
1.6 |
|
|
Guatemala |
1.4 |
2.2 |
2.5 |
|
|
Haití |
1.3 |
2.4 |
2.8 |
|
|
Honduras |
0.5 |
0.8 |
1.2 |
|
|
México |
13.6 |
16.6 |
23 |
|
|
Nicaragua |
0.5 |
0.7 |
0.9 |
|
|
Panamá |
0.3 |
0.4 |
0.6 |
|
|
Paraguay |
0.5 |
0.9 |
1.1 |
|
|
Perú |
2.7 |
6.3 |
7.2 |
|
|
Puerto Rico |
1 |
1.5 |
1.9 |
|
|
Republica Dominicana |
0.7 |
1 |
1.6 |
|
|
Uruguay |
0.9 |
1.8 |
2.1 |
|
|
Venezuela |
2.4 |
2.9 |
4.5 |
|
|
Total |
60.3 |
111.4 |
144.4 |
|
|
Tanto porciento mundial |
3.8% |
5.4% |
6% |
|
|
Fuente: Comisión
económica para América latina y el Caribe (CEPAL), Santiago de
Chile, 1992, y Progreso Económico y Social En América Latina,
Informe 1989, Banco Interamericano de Desarrollo, Washington, 1989. |
||||
Creció la población pero esto no
resolvió -sino que agudizó- los problemas históricos relacionados con la
heterogeneidad étnica y la desigualdad social; mientras que en países como
México, Guatemala, Bolivia, Ecuador y Perú había una fuerte presencia de los
grupos indígenas; en países como Argentina, Brasil, Uruguay o Cuba contaban con
muchos inmigrantes europeos de origen italiano, español, así como una población
eurasiática y oriental proveniente de Rusia, Ucrania, Siria, Líbano, Turquía y
Japón.
En 1914, Argentina contaba con 2,4
millones de inmigrados, mientras que en Chile ese número solamente llegó a 40
mil. A su vez, en Centroamérica (Belice, Costa Rica y Panamá), el Caribe, y
algunos países sudamericanos (Brasil, Columbia, Venezuela, Ecuador), había
mucha descendencia africana. Tras la crisis de 1929, varios de los países
latinoamericanos frenaron la oleada migratoria mediante el cierre de sus
fronteras y políticas migratorias más restrictivas que tuvieron como
consecuencia la consolidación de la población en el continente, salvo durante
la guerra civil española cuando varios países, México a la cabeza, recibieron
entre 50 y 150 mil refugiados republicanos (algunas estimaciones hablan de 50
mil en México y 30 mil en el resto del continente) (Malamud, 2010: 421).
mtalianos en Buenos Aires, Argentina
En términos de la distribución
geográfica de la población, gran parte del continente americano aún quedaba
despoblado, pero al mismo tiempo la expansión de la economía capitalista
impulsó la urbanización y la ruptura del equilibrio entre el campo y la ciudad.
La población siguió viviendo y
dependiendo económicamente del campo, solamente en Argentina y Uruguay la
población urbana era mayor al 30% (Zanatta, 2012: 116), mientras que en México,
Perú, Brasil y Colombia representaba el 15%.
La estructura socioeconómica y las
formas de producción centradas en el autoconsumo se mantuvieron prácticamente
intactas en el campo. Y, a pesar de que los terratenientes fueron perdiendo
poder tras los cambios económicos producidos por la Primera Guerra Mundial, en
la mayor parte de América perduró la concentración de la riqueza en latifundios
y en la explotación de los campesinos (peones, jornaleros, etc.) Salvo en el
caso México, las reformas agrarias tuvieron lugar en América Latina después de
la década de 1950.
Por la crisis de 1929, el modelo exportador de materias primas quedó
afectado y especialmente en las regiones agrícolas se resintieron sus efectos,
esto obligó a sus poblaciones a migrar hacia la ciudad o hacia centros mineros
y petroleros donde había mayores oportunidades de trabajo. Pero fueron pocos
los que lograban encontrar un sustento, ya que el desarrollo industrial en las
ciudades era aún precario.
A causa de la insuficiencia de
puestos de trabajo y la falta de servicios, surgieron los primeros cordones de
miseria y pobreza alrededor de estos centros, que recibieron diversos
nombres: favelas en Brasil, ciudades perdidas en
México, villas miseria en Argentina, callampas en
Chile y cantegriles en Uruguay (Gallego, Eggers-Braas y Gil
Lozano, 2006: 244).
Rio Branco, Rio de Janeiro en los años 1930
Así, pronto las grandes ciudades fueron concentrando la mayor parte de la población total de sus países: en Brasil, Rio de Janeiro, Sao Paolo, Recife, Salvador y Porto Alegre; en México, la Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y Puebla; en Ecuador, Quito y Guayaquil; en Argentina, Buenos Aires, Rosario y Córdoba; en Cuba, La Habana y Santiago; en Chile, Santiago y Valparaíso.
Dentro de las grandes ciudades, que
operaban como centros administrativos, culturales, políticos y económicos, se
produjeron las raíces del cambio social de las décadas que siguieron.
Los nuevos grupos sociales,
mayormente dedicados al sector terciario (de servicios), demandaron nuevas
condiciones políticas, económicas, sociales y culturales. Organizados en
sindicatos, los obreros y empleados se movilizaron para obtener jornadas laborales
de ocho horas, seguros de asistencia social, mejores salarios y mejor
preparación. Así, la educación sería una de las principales demandas que fue
parcialmente atendida por los gobiernos latinoamericanos, con excepción de
Uruguay y Argentina donde las tasas de analfabetismo se redujeron fuertemente
entre los años 1930-1960.
A consecuencia de esta
efervescencia social, surgirán gobiernos que tratan de resolver los conflictos
de manera pacífica con la inclusión de las distintos sectores sociales en
formas democráticas de gobierno y populistas, o por medio de la más habitual represión
y el autoritarismo de militares y grupos reaccionarios patrocinados por los
Estados Unidos como fue el caso en El Salvador (movimiento campesino liderado
por Agustín Farabundo Martí y el Partido Comunista), Nicaragua (movimiento
sandinista) y la República Dominicana (matanza de trabajadores haitianos),
donde los gobiernos locales aplastaron sangrientamente a diversos movimientos
sociales, campesinos y obreros.